Vender tu casa es, probablemente, una de las operaciones económicas más importantes y complejas a las que te enfrentarás en tu vida. Por ello conviene no cometer errores.
Casas familiares en herencia, segundas viviendas sin uso o propiedades que hay que liquidar salen cada día a la venta. Algunas pasan desapercibidas por su ubicación o por algún defecto, pero en muchos casos son las decisiones del propietario las que determinan el éxito de la venta. Al tratarse de un proceso que implica mover decenas de miles de euros, resolver trámites y pagar impuestos, saber optimizarlo evita errores que restan ceros a tu cuenta. La clave es ponerte por un momento en el lugar del comprador.
1. Fijar un precio inadecuado
Valorar correctamente la vivienda es crucial: hay que tener en cuenta su tamaño, estado de conservación, condiciones y servicios, y los precios de la zona. La sobrevaloración ahuyenta a los interesados de los primeros meses y, si la vivienda pasa demasiado tiempo en el mercado, se «quema». Lo sensato es moverse en la línea de los precios de cierre de inmuebles similares en la zona.
2. No estar disponible para recibir visitas
Si vendes por tu cuenta, necesitarás flexibilidad de agenda. Un vendedor con poca disponibilidad ahuyenta compradores. El mercado se mueve rápido, así que conviene adaptarse a los horarios de los interesados y, si es posible, reservar unas horas de más para las visitas.
3. No preocuparte por la apariencia de la vivienda
El comprador necesita visualizarse viviendo allí. Antes de las visitas, retira trastos y exceso de decoración para que la vivienda se vea lo más espaciosa posible, despersonalízala y cuida la limpieza y la ventilación. Y no olvides el exterior: es la primera impresión.
4. Intentar camuflar fallos estructurales o chapuzas
Un cuadro que tapa una grieta, un suelo desconchado bajo una alfombra o una instalación eléctrica defectuosa desmotivan al comprador. No uses pintura, alfombras o iluminación para enmascarar problemas que tarde o temprano se descubrirán. Si la vivienda está a reformar, avísalo desde el principio.
5. No anunciar correctamente la casa en Internet
No basta con publicar el anuncio. Ponte en el lugar del comprador: ¿te interesarías por una casa de la que no puedes ver fotos? Un anuncio sin imágenes genera la sospecha de que se oculta algo. Las fotos deben tener resolución suficiente y mostrar espacios con luz y lo más despejados posible, además de reflejar las características de la vivienda y del vecindario.
6. No saber cuándo recurrir a una inmobiliaria
Si no tienes tiempo para atender llamadas o concertar visitas, si recibes ofertas pero no logras cerrar un precio satisfactorio, o si pasa el tiempo y nadie se interesa, quizá sea el momento de acudir a una inmobiliaria. Un profesional ayuda en los temas legales y aporta una cartera de clientes de la que el particular carece.
7. No tener los papeles al día ni los impuestos pagados
Estar al corriente del IBI y tener la escritura de compraventa previa no es suficiente: hay múltiples trámites que pueden complicar la operación. Ten a mano los planos de la vivienda, la nota simple registral y los estatutos de la comunidad, si la hubiera. Y recuerda el contrato de arras y el paso por notaría para la escritura pública.
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Preguntas frecuentes
Fijar un precio inadecuado. La sobrevaloración ahuyenta a los interesados de los primeros meses y, cuando hay que rebajar, la vivienda ya arrastra desconfianza y suele venderse por debajo de su valor.
No. Camuflar grietas, humedades o instalaciones defectuosas con cuadros, alfombras o pintura es contraproducente: los problemas se descubren tarde o temprano y desmotivan al comprador. La transparencia genera más confianza.
Cuando no tienes tiempo para atender llamadas y visitas, cuando recibes ofertas pero no logras cerrar un precio satisfactorio, o cuando pasa el tiempo y nadie se interesa por el inmueble.
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